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miércoles, 29 de febrero de 2012
martes, 6 de septiembre de 2011
Numen insiste
La musa vino a mí de nuevo.
Hoy no, por favor –pedí mientras ella acariciaba mis cabellos–, mira mi rostro, no he dormido en días; me hace falta descansar.
Después lo harás, contestó implacable.
La melancolía me ronda, no puedo reír tanto, ya no puedo llorar más, mis sentidos se han exacerbado, el cerebro me abrasa y mi andar es errabundo. Necesito una vida funcional, dije con dolor.
No sé cuándo volveré, respondió.
No te vayas, supliqué.
Así, continúa vigilando mi labor; vela mi vigilia mientras me consumo poco a poco en cada amanecer.
martes, 9 de agosto de 2011
Conclusión
Ya no hay sorpresas ni expectativas, frustraciones ni extrañeza; no hay más dolor, asombro ni alegría. Por eso me despido de ti, no te llamo cruel porque no existe amargura que me envuelva ni ánimo hostil que me fustigue, sólo te digo: adiós, mundo.
miércoles, 30 de marzo de 2011
Andante airoso
Las palabras van y vienen como las personas que transitan por las calles y, de la misma forma, se mantienen en constante movimiento. Entre unas y otras y por medio de ambas, se dan la cercanía o el desapego, la estancia o la lejanía; se producen encuentros y desencuentros, a veces, por algún tiempo; en ocasiones, para siempre.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Alborada lunar
Esa ternura otrora adormecida aflora ante mis ojos en una sonrisa franca y la mirada límpida rodeada de llanto tantas veces derramado y desencantos repetidos, trocándose en ansia fogosa y envolvente; somos dos seres fascinantes que al fin se han encontrado, y la confianza reacia la duda persistente, ceden con premura en un trote que va en aumento hacia la pasión que se desborda. Se miraron las miradas y una chispa detonó en recuerdos de intentos fallidos para evadir la obscuridad; pulsando encontramos hoy la ruta en la añoranza de los iris.
El desasosiego ronda entre las ingles, en el centro se anida quieto al vaivén del amor que se alimenta creciendo bajo el influjo de miradas cómplices y silencios compartidos, abrazos en los que se funden los aromas los anhelos mientras las manos se buscan encuentran entrelazan y los pliegues se estremecen
entre suspiros se apaciguan
cual yemas fértiles resplandecen.
Los destinos grandes mas finitos se encontraban alejados pero hoy se han visto constreñidos en el cosmos para unirse los caminos y transitar emparejados. Los labios impacientes emergen de las aguas tibias cristalinas al cobijo de la luna que ilumina a las dos lunas que se han reconocido flotar incandescentes.
Aún se sienten las manos tomando la cintura, mientras las risas espontáneas lo bañan todo, nuestros cuerpos aguardan con el fuego cabalgándoles el vientre abrasados de deseo derramándose los hálitos fervientes
como agua en un cuenco abandonado bajo la lluvia.
Fue esa hebra del destino que por fin nos puso juntos entretejiendo nuestras vidas para poder acompañarnos a pesar del miedo y la nostalgia anticipada, parpadeo enceguecido atormentado ahora en calma al sentirnos plenos satisfechos.
Y se tornan inquietas las miradas, palpitares trémulos contenidos a la espera que parece interminable de unir las caricias
los gemidos
y la piel que otra vez ha despertado
buscándose afanosa.
y la piel que otra vez ha despertado
buscándose afanosa.
se yerguen victoriosas al clamor de sus ánimos guerreros
emergentes del abismo dejaron las tinieblas
despiertan a la luz
confluyendo en el mismo cauce
para llegar al mar.
confluyendo en el mismo cauce
para llegar al mar.
Mi calor penetró en tu corazón y logró vencer al frío. Tu espíritu antes cerrado se abre a mí con extrañeza y permanece abierto brillando
sorprendido en la urgencia por mi escucha por mis brazos como mi piel ansiosa de tus dedos.
Sanan poco a poco las espaldas vulnerables hasta ayer enfermas de ausencia y abandonos
disipándose despacio los temores agitados
resquemores calcinantes de enojos añejados.
Nuestros albores luminosos hacen una pausa reflexiva
se otorgan el permiso para amarse cediendo ante el asombro de las vidas hasta ahora suspendidas y fluir sin ataduras perniciosas para seguir creciendo juntos fluyendo cadenciosos en las mismas aguas fulgurantes del amor incontables veces postergado
diáfanos se acercan y se miran con franqueza
se sumergen lentamente en el manantial inagotable de energía que los espera
mirando sus reflejos se unen para compartir el tiempo juntos y sanarse mutuamente.
La melancolía se desvanecedisipándose despacio los temores agitados
resquemores calcinantes de enojos añejados.
Nuestros albores luminosos hacen una pausa reflexiva
se otorgan el permiso para amarse cediendo ante el asombro de las vidas hasta ahora suspendidas y fluir sin ataduras perniciosas para seguir creciendo juntos fluyendo cadenciosos en las mismas aguas fulgurantes del amor incontables veces postergado
diáfanos se acercan y se miran con franqueza
se sumergen lentamente en el manantial inagotable de energía que los espera
mirando sus reflejos se unen para compartir el tiempo juntos y sanarse mutuamente.
bruma pertinaz tanto tiempo tras nosotros
los vientos helados se aquietan al abrazo de nuestras almas sublimadas que
encontrándose fuera de la sombra de terribles acechanzas
y al resguardo de confianza y certidumbre
se entregan libres entusiastas
al fulgor de las luciérnagas febriles rozando el pasto tierno,
sintiendo intensamente nuestra esencia vamos acompañándonos sinceros
librándonos de dudas y amenazas
compartimos generosos el sentir
contemplando la magia infinita
que se encuentra ante nosotros.
Y se vislumbra en el vaivén de nuestros seres que se aman alzando la voz con nuestros nombres
la luz que plenamente nos alcanza.
Bienvenido seas, amor, a la verdadera vida. ©
Gota fría
A cambio de mi aliento tibio me fue entregado un trozo de granizo encubierto de indiferencia y de temores.
Una gota fría se infiltró en mi corazón y cual humedad sigilosa invadiendo los resquicios se anidó en mí ubicándome en mi sitio, y en el terreno lábil de la incertidumbre echó raíces empañando la sonrisa que obsequié confiadamente sobrevolándome la inquietud del mérito a lograr, del favor a conseguir, de ser objeto del anhelo.
La perspicacia del rechazo tantas veces confirmada ronda mi cerebro alertando mis sentidos, poniendo freno a mi ilusión absurda, a mi espíritu que se abre y se entrega para ser abandonado.
En el umbral de un amor que se entrega sin reservas el mensaje contundente me detuvo a las puertas de la gruta de la angustia, porque ese aviso dice vuela lento vuela lejos, no te acerques demasiado: el hielo quema. La cautela calma mi fuego desbordante, cancela mi deseo y aquieta mi pasión mientras el viento frío hiela mis pupilas asentándose las dudas.
El espejo que me dice mérito es ser quien soy sin probanzas ni denuedo desmedido, dirige mi mirada a la realidad aparente que me circunda.
Aún se siente lejanía, los labios carecen del ímpetu fogoso que embarga y enmudece, así, mis ansias se vuelven reticentes, mis ojos logran ver; a pesar de la promesa que ese amor encierra no se ciegan; puedo ver que tal vez no sea para mí o que tal vez es cuestión de tiempo, de dejar de estar allá si se quiere estar aquí, de soltar las anclas del pasado para navegar en el presente y poder surcar los ríos en la corriente que fluye libremente.
Mi alma a punto de abrirse cambia el rumbo justo a tiempo, trocándolo en amistad afable, generosa, de paciente escucha y franca. Y así vuela ligera con la mente clara bajo el cielo despejado, en espera de los brazos que la encuentren y la envuelvan, mientras tanto, la tensión se libera en solitario, mi cuerpo se abraza y se protege, se retrae en su coraza para que nadie le haga daño. ©
Una gota fría se infiltró en mi corazón y cual humedad sigilosa invadiendo los resquicios se anidó en mí ubicándome en mi sitio, y en el terreno lábil de la incertidumbre echó raíces empañando la sonrisa que obsequié confiadamente sobrevolándome la inquietud del mérito a lograr, del favor a conseguir, de ser objeto del anhelo.
La perspicacia del rechazo tantas veces confirmada ronda mi cerebro alertando mis sentidos, poniendo freno a mi ilusión absurda, a mi espíritu que se abre y se entrega para ser abandonado.
En el umbral de un amor que se entrega sin reservas el mensaje contundente me detuvo a las puertas de la gruta de la angustia, porque ese aviso dice vuela lento vuela lejos, no te acerques demasiado: el hielo quema. La cautela calma mi fuego desbordante, cancela mi deseo y aquieta mi pasión mientras el viento frío hiela mis pupilas asentándose las dudas.
El espejo que me dice mérito es ser quien soy sin probanzas ni denuedo desmedido, dirige mi mirada a la realidad aparente que me circunda.
Aún se siente lejanía, los labios carecen del ímpetu fogoso que embarga y enmudece, así, mis ansias se vuelven reticentes, mis ojos logran ver; a pesar de la promesa que ese amor encierra no se ciegan; puedo ver que tal vez no sea para mí o que tal vez es cuestión de tiempo, de dejar de estar allá si se quiere estar aquí, de soltar las anclas del pasado para navegar en el presente y poder surcar los ríos en la corriente que fluye libremente.
Mi alma a punto de abrirse cambia el rumbo justo a tiempo, trocándolo en amistad afable, generosa, de paciente escucha y franca. Y así vuela ligera con la mente clara bajo el cielo despejado, en espera de los brazos que la encuentren y la envuelvan, mientras tanto, la tensión se libera en solitario, mi cuerpo se abraza y se protege, se retrae en su coraza para que nadie le haga daño. ©
viernes, 27 de noviembre de 2009
La leve flojedad de las piernas
Calor que se entremezcla en las membranas que recubren produciendo la leve flojedad de las piernas, ligero cosquilleo en las encías, ligero mareo persistente y la risa inevitable. Deseo que asciende lentamente hasta convertirse en una hoguera calcinante de tejidos, vasos pletóricos a punto de estallar. Mas hoy sólo se permiten escarceos en solitario.
Las tempestades de mi ánimo anegan de vacío mis brazos, vuelven ansioso el contacto de mis manos, mi cuerpo que se rodea solo se siente tibio, frágil. El deseo espera, quieto, retráctil como resorte vulnerable a la mínima señal de tus manos tersas que han paseado por mi piel y me fascinan. Se ha grabado en mi memoria ese contacto y en los dos está latente la invitación ¿aceptaremos? a descubrirnos otra vez, otra vez…
¿De dónde se me dio? ¿Por qué tener esta llama inextinguible?
El granizo se deshace de inmediato ante el calor de la pasión enfebrecida. Llamarada que se enciende se sublima y se extiende abrasando y amenaza con llevarse los restos de cordura arrasando cual marea de fuego sin dejarme apenas viva.
Se ha dejado de confiar en los mañanas, la lealtad se entrega con reservas, la fragilidad se ha convertido en fortaleza, que no sólo sigue en pie; se acrecienta.
Aún estoy enferma de recuerdos que conminan, de dolores persistentes y advertencias claras y precisas. La tristeza es como abismo que me arrastra pero mi ánimo se yergue poderoso y haciendo frente a los embates del agobio, resiste.
Y sin embargo, es radiante la sonrisa, casi incandescente, la euforia desbordante contagiosa. Cuando se consigue dormir, se sueñan los anhelos, ansiando sin remedio ese abrazo por las noches, ese hombro en cada viaje, la caricia en las mejillas, el contacto que nos colme acunados cuerpo a cuerpo, el río que nos sacie.
Duelen la ausencia y la distancia, como siempre, tal vez más, pero a pesar de la parálisis y el miedo, no se pierde la añoranza de uno y otro, las miradas centelleantes de te quieros, de los brazos que cobijan en silencio compartido.
Cómo hacer para tocarte, para tocarte nuevamente, un poco más, un mucho más, y dejar de bordear el cuerpo tuyo para afrontarlo cuando la hoguera que me funde el sentimiento confunda mi razón, cuando este cuerpo que ha perdido el rumbo ubique su camino sin mapa alguno. ¿Cómo harás para olvidarme? ¿Cómo harás para acercarte a mí y besar mis labios otra vez? Nuestros labios que se unieron sin reservas sin demoras, embriagados en el trayecto lento y terco del amor que nos acerca. ©
martes, 24 de noviembre de 2009
Gotas
Silencio. Silencio que vivimos ambos pero que no hemos compartido. Silencio.
Las pausas existentes entre cada abrir de la llave y, cuando está cerrada, cual si fuera un abrazo negado, resulta comprensible el ansia desbordante que sin embargo contenemos. Esperando. Extraño esas manos que se agitan tratando de plasmar una idea, manos que no me han tocado, a excepción de un apretón sostenido por un segundo, segundo que se ha detenido pero añorado en la repetición ¿imposible? y la extensión soñada en la necesidad de un paseo por mi espalda que se sabe enferma de ausencia, de ausencia de abrazos que has empezado a practicar, mientras extrañas mis labios que no te han besado y mis ojos posados en ti cientos de veces. Mientras, el sorbo de vino espera ser degustado por ambos, por cada uno que lo bebe por separado, en solitario frente a una mesa vacía, con avatares y presencias sigilosas vigilantes, vigilando la distancia y el temor racional y objetivo.
Eres ahora el objeto de mis ansias, y yo de tu ternura, no sé si futuras, sí, sí lo sé, no me engaño. Ya nos duele ahora ya no quiero ya no quieres pero es tarde... la angustia sobrevuela porque era sólo un guiño, guiño irresistible, chispa cegadora y momentánea que encendió un fuego en espera, y esperando es que vivimos, en secreto. Estallido que se aguanta se refrena. Cierro los ojos y el palpitar incesante me consume, freno la angustia por saber que no estarás, que asomaré mis ojos y no te veré, y descubrir cuán lejano percibo ya tu rostro, la euforia de esos momentos que me hacían sonreír entre la gente. Hasta que un día, he ahí una gota, sólo una, y yo sabré, a estas alturas de mi vida magullada, que no es lágrima sino palabras, palabras que salieron de esa llave otra vez abierta ¿hasta cuándo? ¿Hasta qué? No lo sé ni tú tampoco, y si esa gota no me sacia al menos sé que es un aviso que me envías para que yo sepa, sí, que sigues ahí y te cerciores, a tu vez, de que sigo ahí ¿hasta cuándo? ¿Hasta qué? Ya se sabrá, no corre prisa. ©
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